viernes, 3 de julio de 2009

Sanando mi pasado


En el pasado no sólo se encuentran mis sufrimientos, sino también los recursos y los deseos que pueden permitirme construir una existencia más acorde con mis esperanzas.

Puedo repetir sin cesar que mi triste pasado me marcó para siempre, que los otros fueron injustos conmigo, y por ende, estoy condenado a sufrir.
Pero, a la inversa, puedo decir que, a pesar de haber atravesado todas esas experiencias, tengo la suerte de estar vivo.
Después de todo, lo esencial no es lo que hicieron de mí, sino lo que hago con lo que hicieron de mí. Mi historia es el terreno sobre el cual debo vivir. Puedo lamentar que tenga pendiente en bajada, o soñar con un terreno liso, más adecuado para construir. Pero éste es el único terreno que está a mi disposición y es sobre él donde tengo que edificar mi casa.

Estamos sumergidos a menudo en nostalgias con respecto a cosas que no se produjeron. Deploramos no haber recibido más amor o no haber tenido éxito en la vida. Y consideramos que nuestros actuales fracasos son la consecuencia de los desastres sufridos en el pasado: una fatalidad contra la cual no podemos gran cosa y que ancla en nosotros amargura o rebeldía. ¿Por qué no logramos despegarnos de ese pasado que tanto nos hace sufrir?

Frente a la adversidad, el niño aprende a pelear o a no hacer nada. A adaptarse o a rebelarse. Si se adapta, recibe. Si se rebela, afirma sus necesidades. Sólo más adelante aprenderá a ajustarse a la vida y a reposicionarse en función de nuevos datos. Pero a algunos les cuesta reposicionarse, no quieren soltar el pasado, porque lo que vivieron es muy doloroso, muy injusto. Dicen: Fue muy duro, nunca podré reponerme. Se resignan porque creen que nada puede cambiar y así no pueden ver las posibilidades que el hoy les ofrece. O, por el contrario, no dejan de luchar contra lo que se produjo antes, guardando bajo llave las frustraciones y las esperanzas pasadas en lugar de reconocer el presente.

Sin embargo, luchar contra el pasado es una lucha en vano. Para reconciliarse con la propia historia, para acogerla y ver qué podemos sacar de ella, es necesario reconocer que el pasado es pasado. Y desarrollar alguna forma de ternura hacia nuestros defectos y debilidades.
¿Qué puedo darle a mi vida a través de todo lo que sucedió?

No hay comentarios: